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CREDIT SUISSE: LA SITUACIÓN Y SUS IMPLICACIONES



Para entender la actual situación, como de costumbre hay que echar un vistazo al pasado. Básicamente, a la anterior crisis económica, que fue principalmente ocasionada por los excesos de la banca, que asumió unos riesgos excesivos para conseguir incrementar, año tras año, sus beneficios.

Para asegurarse de que una situación parecida no volviera a repetirse, se implementaron unos muy severos controles y restricciones a las operaciones bancarias de mayor riesgo.

El resultado es que las prácticas especulativas más arriesgadas (y con un potencial de beneficios y de pérdidas más alto) no pueden ser realizadas por los bancos en la escala en que se ejecutaba en los años previos a la anterior crisis.

En cambio, fondos y sociedades diversas pueden realizarlas con muchas menos limitaciones. A los bancos hay que rescatarlos para evitar que su quiebra destroce la economía -una de las lecciones de la anterior crisis es que sin un sector bancario operativo y que inspire confianza, la economía tiene problemas-. En cambio, a un fondo o a una sociedad no hay que rescatarlos.

Han aparecido multitud de sociedades y fondos que, legítimamente, se han embarcado en este tipo de operaciones.

Es aquí donde aparece en escena el fondo Archegos Capital Management. Este fondo se dedica a utilizar productos de alto riesgo -espero que el lector me perdone por no utilizar la terminología técnica correcta, intento que el artículo sea fácilmente comprensible-. Para utilizar estos productos, se necesita que varios bancos -en el caso de un fondo importante, como era el caso- colaboren con el fondo. El fondo tiene que tener la capacidad para responder de las pérdidas -caso que se den-, que en un primer momento tiene que asumir el banco que efectúa las operaciones en nombre del fondo.

Y aquí es donde tenemos el problema. Las operaciones del fondo tuvieron graves pérdidas. Los bancos deberían haber reclamado a Archegos Capital Management el pago de las pérdidas de las operaciones. Credit Suisse y Nomura, entre otros, no lo hicieron. Y las operaciones se mantuvieron abiertas, y acumulando pérdidas. Pérdidas a las que Archegos no podía hacer frente. El resultado es que las pérdidas -muy importantes- las han tenido que asumir, principalmente, Nomura y Credit Suisse. Y, por supuesto, Archegos ha quebrado.

Credit Suisse ha perdido unos 4.000 millones de euros. Y el problema es que no parece ser el único problema que ha sufrido el banco últimamente: desde los casi 19 euros a que cotizaba la acción a principios de 2018, está peleando por mantener la cotización por encima de los 4 euros.

El banco sobrevivirá a esta crisis, ya sea mediante venta de activos, ampliación de capital o ayudas públicas. En el peor de los casos, será absorbido por otro banco, con o sin mantenimiento de la marca.

Hay, no obstante, varios puntos que preocupan al mercado y a las autoridades:

El primero es que esta crisis no sea más que un aviso de lo que se nos viene encima: que se produzcan más quiebras de fondos o sociedades que utilicen estos productos de alto riesgo. Con las consecuencias que acarrearía para las finanzas y economía mundial.

El segundo es que no se cerraran las operaciones a tiempo. Resulta incomprensible, y es la causa de las grandes pérdidas. Y se teme que se convierta en la norma, no en la excepción.

El tercero es la trayectoria personal de Bill Hwang, el gestor del fondo Archegos. Bill Hwang y Tiger Asia Management tuvieron que pagar 44 millones de dólares en multas por el uso de información privilegiada; el 2014, la bolsa de Hong Kong le prohibió operar durante cuatro años. Con semejantes antecedentes, resulta extraño que tantos bancos -y tan importantes- le concedieran tanta “manga ancha”. De momento, está en libertad tras pagar una fianza de 100 millones de dólares.

Con todo, lo más preocupante es que parece que los ejecutivos de las principales entidades financieras internacionales no hayan aprendido las lecciones más dolorosas de la anterior crisis.


El equipo de Holders & Brothers.






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