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¿Hacia un nuevo orden económico mundial?





Hace pocos días, se hicieron públicos diversos acuerdos entre varios países en que se acordaban importantes acuerdos económicos en que la moneda de referencia no era el dólar, sino el yuan. Uno de ellos, entre el gobierno de Bangla Desh y el de Rusia. A día de hoy, aproximadamente el 58% de las transacciones económicas mundiales tienen al dólar como protagonista. Además, tiene un peso similar en las reservas de divisas de los bancos centrales del mundo. Es un peso desproporcionado, si consideramos que el PIB de los EEUU es un poco más de un 15%, y que la tendencia es que este porcentaje disminuya con el paso de los años. Esta situación proporciona numerosas ventajas a los EEUU, que benefician enormemente a su economía. Es, pues, muy razonable que el resto de países traten de reconducir la situación hacia una en que el peso de las diferentes monedas del mundo en los mercados internacionales sea proporcional al peso de sus economías. Resulta un tanto ilógico que China, segunda economía mundial, vea como su moneda es la quinta en importancia en los mercados internacionales. Esta situación, no obstante, no debe sólo verse desde el punto de vista económico, sino también desde el de las relaciones políticas internacionales. Un ejemplo: la mayor parte de Europa se siente amenazada por la invasión de Ucrania. China no ha condenado la invasión, y de hecho, aunque no se puede decir que esté apoyando militarmente la invasión, tampoco se puede decir que esté “castigando” a Rusia. En cambio, EEUU está apoyando a Ucrania, que, por cierto, cabe recordar que está mucho más cerca de Europa que de EEUU. No se puede desligar la economía de la política. Económicamente, a Europa le interesa que el dólar pierda su tremenda importancia en los mercados, cosa que redundaría positivamente en el euro -el PIB de la Unión Europea es similar al de los EEUU-. De hecho, en su última visita a Pequín, las declaraciones del Presidente Macron han apuntado en esta dirección. Pero no podemos olvidar que un debilitamiento del dólar -y de la economía americana- implicará que Europa deberá tener un papel más activo en el mundo, incluso a nivel militar, cosa que implica mayores gastos para la Unión Europea, ya que obviamente no podemos esperar que unos EEUU debilitados económicamente -y en parte, por causa nuestra- acudan en socorro de Europa cada vez que tengamos problemas. A corto plazo, la hegemonía del dólar se mantendrá. Estos cambios no se dan de la noche a la mañana sin una gran crisis de importante calado -una gran guerra, por ejemplo-. Los precios de las materias primas se siguen dando en dólares, y el acuerdo entre Bangla Desh y Rusia se pagará en Yuan, pero el precio se ha fijado en dólares. Es sólo un primer paso, y tal vez no pasemos de acuerdos de este nivel de momento. Pero, claramente, la hegemonía del dólar está amenazada. Un último detalle: en 2014, el gobierno chino decidió que su moneda estaba a un nivel demasiado alto, y por tanto perjudicaba a sus exportaciones. Entre junio de 2014 y principios de 2015, el yuan cayó un 33% respecto al euro. ¿Interesa a nuestros bancos centrales tener reservas de divisas en una moneda cuyo gobierno puede devaluarla un 33% en menos de un año? Todos los países utilizan su moneda como una herramienta para beneficiar su economía, pero se suelen respetar ciertas convenciones. Una devaluación de un 33% en un año no es una buena carta de presentación para una moneda que se presenta como alternativa al dólar.


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