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¿Por qué ya no nos llevamos bien con la OPEP?




¿Por qué ya no nos llevamos bien con la OPEP? La Organización de Países Exportadores de Petróleo, es conocida por el acrónimo de OPEP. O como OPEP+ si se incluye en ella a países que formalmente no forman parte de la OPEP pero trata de coordinarse con la organización, como por ejemplo Rusia. El núcleo duro de la organización lo forman países musulmanes -como Arabia Saudí, Kuwait, Irak o Irán-.


Las relaciones de la OPEP con Occidente -léase: principalmente, Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda, aunque podrían incluirse todos los países descendientes de la cultura greco romana- han atravesado buenos y malos momentos. Como ejemplo de momentos de malas relaciones, cuando impusieron un embargo a las exportaciones de petróleo tras la Guerra del Yom Kippur (1973), que causó una crisis mundial; como ejemplo de buenas relaciones, cuando la inmensa mayoría de la OPEP secundó de forma entusiasta la liberación de Kuwait durante la Primera Guerra del Golfo (1990-1991).


Pero, buenas o malas relaciones, siempre ha habido un punto de encuentro entre Occidente y la OPEP: Occidente necesita el petróleo como fuente de energía, y la OPEP necesita los ingresos que le proporciona la venta de petróleo para subsistir económicamente.


La situación, no obstante, está cambiando rápidamente. Occidente ha decidido apostar decididamente por la generación de energía producida por energías renovables, por la adopción de coches eléctricos, la producción de petróleo mediante el fracking en Estados Unidos y, en una palabra, por limitar la dependencia energética de sus economías de fuentes de producción no locales. A pesar de que consume casi un 60% de petróleo más que China, Estados Unidos importa la mitad de petróleo menos que China, gracias a su producción de petróleo mediante el fracking. El importador mundial de petróleo más importante es la Unión Europea. Si la Unión Europea reduce drásticamente sus importaciones, y el resto de países del mundo no las incrementa, la situación económica de los países de la OPEP puede ser delicada. Hay que tener en cuenta que una caída relativamente pequeña en la demanda de petróleo puede provocar una caída muy importante del precio: de 2007 a 2009, el precio pasó de 140 dólares a 45. Todo esa caída fue causada por una caída en el consumo de un poco más de un 2% a consecuencia de una crisis económica.


Sin ánimo de ser exhaustivo, vamos a poner unos ejemplos de la importancia del petróleo para algunos países de la OPEP. El primero, Arabia Saudí. Según estimaciones de diciembre de 2022, un 96% de sus ingresos presupuestarios provienen del petróleo y su gobierno ha estimado en una media de 90 $ el precio del barril durante 2023 para calcular su presupuesto. El precio del barril de petróleo Brent, que marca el precio de referencia en Europa, no llega a una media de 85 $ el barril en lo que llevamos de año (el precio del West Texas, la referencia en los Estados Unidos, está aún más bajo). Y el precio medio del barril en los últimos diez años, en Europa, está sobre los 70 $ el barril, veinte dólares menos de lo que Arabia Saudí necesita, según el consenso, para equilibrar su presupuesto. Para poner un ejemplo menos dramático, tomemos el caso de Irán: aproximadamente la mitad del presupuesto nacional depende del petróleo. Y en Nigeria, los ingresos por petróleo cubren casi el 22% de los ingresos presupuestarios. Y estamos hablando del país más poblado de África, con más de 200 millones de habitantes, que casi dobla en población a Etiopía, el segundo.


Básicamente, no podemos esperar nada de países a los que podemos arruinar en pocas décadas. ¿Y cómo se traduce todo esto en la actual coyuntura?. China ha mediado entre Irán y Arabia Saudí para que restablezcan relaciones diplomáticas con éxito. Es un síntoma muy significativo. Algunos miembros de la OPEP, liderados por Arabia Saudí, han reducido la producción de petróleo hace unos días, para conseguir aumentar el precio del barril, que había caído por debajo de los 80 $. Si el petróleo cae, sus presupuestos nacionales se resienten; si el petróleo sube, sus ingresos mejoran, pero en Occidente tenemos problemas de inflación y de crecimiento económico.


Los intereses de Occidente y la OPEP son divergentes, y difícilmente volverán a converger. En las próximas décadas, los problemas económicos de los países de la OPEP crecerán, a menos que la demanda de petróleo de India y China suplan la previsible caída de la demanda de Occidente.




El Equipo de H&B.



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