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¿PRIVATIZACIÓN?

Actualizado: 4 ene




     Tras la victoria de Javier Milei en las elecciones presidenciales argentinas, una de las primeras medidas que ha anunciado ha sido la de privatizar empresas públicas y semi públicas.  El objetivo perseguido es doble:  mejorar la gestión de esas empresas y obtener fondos para el estado.  Una privatización masiva de empresas públicas suele venir acompañada de otras medidas económicas calificadas como “liberales”.


       Vamos a analizar dos procesos de privatización.  Ambos realizados en los últimos 40 años.  Uno de ellos puede calificarse como de exitoso y el otro fue un fracaso.

 

      Margaret Thatcher ganó las elecciones generales en 1.979.  Permaneció en el poder hasta 1.990.  Su política económica se basó en la desregularización del sector financiero, la flexibilización del mercado laboral, la reducción del poder de los sindicatos, recorte de los impuestos, lucha contra la inflación y la privatización de las empresas públicas.  Además, vendió numerosas viviendas públicas.  Los efectos fueron mixtos:  la privatización de empresas de distribución de agua, gas, electricidad, etc… no implicó un aumento en la competencia, pero sí una mejora de los precios ofrecidos a los consumidores.  Las opiniones no son unánimes, pero se considera que la privatización junto con la desregularización financiera produjeron un gran crecimiento económico.  En cambio, hay unanimidad en que la privatización de British Rail    -realizada durante el mandato de su sucesor, John Major- fue un desastre.  En el lado negativo, destacar el incremento de las desigualdades sociales en el país y lo que algunos han calificado como la adopción del “capitalismo de casino”.

 

     El segundo proceso es el ruso.  Tras la caída de la Unión Soviética, y su fragmentación, culminó un proceso de privatización iniciado durante el mandato de Mikhail Gorbachov.  La primera gran oleada se realizó mediante “vales”.  Los ciudadanos recibían “vales”, que representaban acciones de empresas.  Una proporción desproporcionada acabaron en manos de los gestores de estas empresas; además, como los trabajadores recibían “vales” de las empresas en las que trabajaban, los gestores pudieron presionarlos para que se los vendieran. El resultado fue una acumulación del capital de estas empresas en manos de los antiguos gestores de la época soviética, que se convirtieron en los nuevos propietarios.  Una segunda tanda de empresas -las más importantes- se vendieron en subastas a precios muy bajos a oligarcas bien conectados con el régimen.  El efecto que tuvieron estos procesos de privatización en la economía no fue positivo:  se concentró la propiedad en pocas manos; los propietarios, conscientes de la inseguridad jurídica del país -del que ellos habían sido algunos de los principales beneficiarios-, efectuaron diversas maniobras para trasladar buena parte de los activos al extranjero, perjudicando a las compañías y a la economía.

 

     Podemos, pues, concluir en que para que un proceso de privatización tenga éxito, se precisa:

a)     Un estado robusto y dotado de seguridad jurídica, para asegurarse de que el proceso de privatización no quede expuesto a corruptelas, fraudes, etc…

b)    Que se privaticen sólo aquellas compañías cuya privatización tenga sentido.  Privatizar British Rail no fue acertado. 

c)     La privatización de empresas públicas por sí sola no soluciona los problemas económicos de un país.  Hace falta que el proceso sea acompañado por medidas para mejorar la competitividad del país, etc….

 

El equipo de H&B.

 

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